miércoles, 27 de noviembre de 2013

UN ABRAZO ENTRAÑABLE

Escribe Walter Ernesto Celina
27.11.2013

En algunas de mis notas, de la mano de la investigadora argentina Martina Iñiguez, presenté la argumentación de Jorge Ruffinelli, quien brillantemente dedujo de los propios filmes de “El Mago” las peripecias de identidad del artista rioplatense.
"Yo volví a ver todas estas películas y encontré que sus historias se adecuaban a la versión de un Gardel uruguayo mucho más que a la del Gardel francés. Hay momentos en que prácticamente filma su propia biografía”, ha sostenido Ruffinelli.

Me permitiré en esta sección no recorrer los andariveles gardelianos de la información y de una polémica -casi agotada-, para ofrecer elementos adicionales a los ya expuestos de esta personalidad uruguaya, de reconocida versación en el ámbito académico.En mi dilatada trayectoria vital he tenido formidables privilegios y amarguras intensas. Los primeros me elevaron; las segundas no me derribaron. Puedo hablar sin asomo de jactancia, recostándome a una enseñanza de Antonio Machado.Cuando ingresé a la Universidad tenía criterios sociales claros y una firme convicción antiimperialista.Mi sensibilidad juvenil encontraba respaldo en la línea editorial de “Marcha”, el semanario del Dr. Carlos Quijano, así como en la acción parlamentaria de Rodney Arismendi.Recuerdo que cuando Ángel Rama partió para Venezuela, en la publicación la columna de crítica literaria fue asumida por Jorge Ruffinelli.Había asistido a clases de Rama, en la Facultad de Humanidades, siendo posible que por allí me hubiera cruzado con Ruffinelli. Conocí a Quijano en el taller de impresión de “Marcha”, en la  calle Piedras, y más adelante, por indicación de Arismendi, pude frecuentarlo en su estudio.

La vida transcurría en forma rápida y agitada hacia los años 60. Estuve en la vorágine de esos tiempos. Fui un actor, un militante con entrega.  Urgencias de estudio, periodísticas y organizativas no me permitieron introducirme, más estrechamente, en ciertas comunidades diletantes con las que guardaba afinidad. No obstante, las líneas de trabajo en la cultura y en la política convergían u ofrecían paralelismos.Medidas prontas de seguridad (estado de sitio), militarizaciones, allanamientos, persecuciones, clausuras, torturas, proscripciones cubrieron el período de Jorge Pacheco Areco y el de su sucesor Juan María Bordaberry.Fue cuando un simple concurso de cuentos, organizado por “Marcha”, puso en la cruz al ganador, Nelson Marra; al jurado del certamen compuesto por Juan Carlos Onetti, Mercedes Rein y Jorge Rufinelli y, al elenco director del periódico, encabezado por Carlos Quijano y sus adjuntos Hugo Alfaro y Julio Castro. Año 1974.Todos manoseados y castigados, algunos llevados al Cilindro Municipal, convertido en prisión.Después de un allanamiento nocturno a la Asociación de la Prensa Uruguaya, donde había celebrado una reunión, tuve el triste privilegio de conocer esa sede. Tres o cuatro meses antes ellos habían permanecido en  ese campo de concentración urbano, salvo Ruffinelli.
 

Él en ese año había ganado por concurso una plaza como investigador en el Centro de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana, que luego dirigiría. Por la orden de captura de las Fuerzas Conjuntas (militares-policíacas) no pudo retornar. Recién lo hizo en 1984. Luego, su alta calificación intelectual lo llevaría a la Universidad de Stanford (Carolina, Estados Unidos), de preciado rango universal.
Apenas estoy dando un esbozo de este compatriota, un gardeliano que dedicó una de sus obras al hombre de la eterna sonrisa, al conciudadano que sigue maravillando con  su voz.
¿Cómo definir a Jorge Ruffinelli? Es una personalidad de un tiempo que huye,  firmemente atada a la cultura y a la libertad.
Alguien merecedor de un abrazo entrañable.
Queda más en el tintero.-