martes, 8 de julio de 2008

EL TANGO Y GARDEL: LA LEYENDA

Escribe Walter Ernesto Celina

NOTA 1

El tango, como Gardel, navegan en dos mundos. Disímiles y excitantes. El de la leyenda y el real, o histórico, propiamente dicho.
En el primero, lo maravilloso los hacen resplandecer. En el segundo, importan los hechos y la recomposición de las circunstancias. Y, casi inseparables, las interpretaciones, siempre diversas, nunca únicas o cerradas.
Los protagonistas del tango y Gardel crecen en altura.

El 24 de junio de 1935 una ráfaga de viento cordillerano toca las alas del avión en que Carlos Gardel y su compañía artística alzan su vuelo. Una bola ígnea ilumina para siempre el campo de “Los Manizales”.
Moría una de las voces más preclaras de los tiempos de la canción moderna. Surgen una leyenda inusual, inacabada, multifacética, así como una historia que apasiona y convoca a los investigadores.
El tango ya caminaba con sus pantalones, de la rodilla para abajo, cuando Gardel se posesiona de el y le infunde el soplo casi divino que lo lleva de los pies a los labios. Lo hace patrimonio de multitudes.
La unión del tango con Gardel es indisoluble. Supone un acto creador trascendente.

En el trágico episodio de Medellín -que se evoca en estos días- nació una mitología que, con sus imbatibles 73 años continúa expandiéndose.
El fenómeno del tango, caracterizado por el célebre periodista norteamericano Waldo Frank “como la danza más profunda del mundo”, vuelve de la mano de Carlos Gardel, en las nuevas generaciones de músicos que, desde vertientes aparentemente opuestas -a veces-, lo encuentran un sitio acogedor y apto, como pocos, para consolidar la sensibilidad del tiempo actual.
La leyenda, con su inocultable registro popular, transita de comarca en comarca y, como si fuera un diamante, adquiere sus facetas en la literatura y en su especial capítulo de la poesía.
Por otro lado, los hechos del mundo del arte, de la composición, de la ejecución musical, de la vocalización, admiten traducciones y análisis en áreas científicas.
Jorge Luis Borges, un argentino amado por el cultivo de las letras y un rioplatense cabal, en una ficción alegórica, incursiona en el campo de la leyenda. En una poesía encuadra los matices ambientales del tango, ese susurro apadrinado en los arrabales, esparcido por los barrios con colores de malvón y crecido como un sentimiento raigal en el cemento de las ciudades. Vale evocar algunos de sus versos:


EL TANGO

¿Dónde estarán? pregunta la elegía
de quienes ya no son, como si hubiera
una región en que el ayer pudiera
ser el hoy, el aún y el todavía.

¿Dónde estarán (repito) el malevaje
que fundó, en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones,
la secta del cuchillo y del coraje?

¿Dónde estarán aquellos que pasaron ,
dejando a la epopeya un episodio,
una fábula al tiempo, y que sin odio,
lucro o pasión de amor se acuchillaron?

Los busco en su leyenda, en la postrera
brasa que, a modo de una vaga rosa
guarda algo de esa chusma valerosa
de los Corrales y de Balvanera.
……………………………..
Hay otra brasa, otra candente rosa
de la ceniza que los guarda enteros;
ahí están los soberbios cuchilleros
y el peso de su daga silenciosa.

Aunque la daga hostil o esa otra daga,
el tiempo, los perdieron en el fango,
hoy, más allá del tiempo y de la aciaga
muerte, esos muertos viven en el tango.

En la música están, en el cordaje
de la terca guitarra trabajosa
que trama en la milonga venturosa
la fiesta y la inocencia del coraje.
…………………………………
JORGE LUIS BORGES

waltercelina1@hotmail.com