sábado, 21 de julio de 2007

COMENTARIO ACERCA DE UN NACIMIENTO MEMORABLE

Selección por Walter Ernesto Celina

He tenido oportunidad de presentar, en nota anterior, “El parto”, un fragmento de la novela del escritor argentino Dr. Norberto S. Baranchuk, titulada “El nacimiento de Carlos Gardel”.
Las investigaciones más modernas y profundas establecen la nacionalidad uruguaya del gran cantante, lo que por cierto colma de orgullo a los tacuaremboenses y connacionales. Se trata de un accidente lugareño.

La magnitud de la figura de “El Mago” es objeto de análisis históricos, lo que ocupa un lugar destacado en el ámbito de las pesquisas. Nuevas y más recientes evidencias permiten desalentar la tesis de un Gardel francés, en lo que se conoce también, como la “historia oficial”.

Una personalidad de la relevancia de Gardel, que por décadas trasciende la emoción más auténticamente rioplatense y se hace patrimonio de innúmeras comunidades del habla hispana, es materia de leyendas que deambulan en boca de la gente y, también, de incorporaciones frecuentes al ámbito literario.

“El nacimiento de Gardel” pertenece a este último género.

Antonio Giunta, miembro de la Fundación de la Academia Nacional del Tango, vierte el siguiente comentario al presentar la novela de Baranchuk:

“Mientras paseamos por Tacuarembó y disfrutamos de sus personajes, participamos de una historia mítica, porque de eso se trata “El nacimiento de Carlos Gardel”. Podemos acceder a ella a través de la pasión, desde una comprometida búsqueda de la verdad, si la verdad histórica fuera necesaria y posible; también podemos iniciar su abordaje a través de la emoción que despierta el ídolo popular.
Pero lo mejor es dejarse llevar por la pluma del autor, quien juega con datos aleatorios y los baraja, los poetiza, los desenvuelve cual sorprendente regalo para rozar la sátira sin dejar de respetar jamás la tradición. A tal punto ello es así, que al terminar la lectura uno puede llegar a preguntarse sobre el verdadero origen del más grande cantor nacional.
¿Cantor nacional? ¿De qué nación hablamos? ¿A qué lugar pertenece? No hay duda que los interrogantes sólo sirven de pretexto para urdir una historia atrapante, ante la que hay que esforzarse para no ser alcanzado por la controversia.
¿Será necesario hacer llover tanta tinta, como sugiere Norberto S. Baranchuk para establecer el sitio del nacimiento de ídolo? El mito es creado por el pueblo; lo siente suyo como si hubiese sido hecho a su imagen y semejanza. Los argentinos también pecamos de soberbia cuando decimos que Carlitos eligió ser argentino.
Pero él, como todo ídolo, carece de nacionalidad; es universal.
El poeta Horacio Ferrer contó que, a pocos días de nacer en Montevideo, sus padres viajaron con él a Buenos Aires en el vapor de La Carrera. Ocupaba con su madre una de las literas altas, y cuando el río se puso bravo, Horacio cayó al suelo y ¡oh milagro!, resultó ileso.
¡Nació de nuevo! ¿Pero, dónde? Justo en la imaginaria línea que divide las aguas territoriales del Río de la Plata, entre Uruguay y Argentina. Con esta historia resolvió el problema de tener que elegir. Simplemente, devino rioplatense.
¡Vaya uno a saber dónde nació Gardel! Tal vez en otra galaxia y, al caer su nave espacial en algún punto de la tierra, se convirtió en un ciudadano de este planeta.
En tren de imaginar, creo que en el fondo a todos nos gustaría que esta última historia fuese la verdadera. Es más, tal vez lo sea.
Debo confesarles mis sospechas. Creo que en realidad nació en el Río de la Plata.”

waltercelina1@hotmail.com